De cómo Guardiola llegó a ser el entrenador más grande de la historia del Barça

Ahora es muy fácil hablar de lo que ha hecho Pep Guardiola con el FC Barcelona. Como ha marcado un antes y un después con su paso por el banquillo del primer equipo. Muchos hablan de su pasión por el fútbol, de su entrega a la institución, de la filosofía para gestionar el vestuario… Haciendo limpieza por el ordenador ha aparecido este artículo de 2008 en el que Luis Martín retrata como era Guardiola cuando estaba entrenando al filial del Barça en tercera división. 

“Esto no es Tercera, es el Barça”

Los jugadores del filial califican a Guardiola como un técnico exigente y planificador

LUIS MARTÍN – Barcelona – 12/05/2008

El pasado 6 de diciembre, el Barça B jugó en el campo del Masnou al mediodía. El equipo local igualó en el segundo tiempo los dos goles marcados por el conjunto de Pep Guardiola en el primero. “La bronca fue monumental”, recuerda uno de los jugadores. Normalmente, Guardiola analiza los encuentros al día siguiente, pero aquella tarde hizo una excepción. “Cerró la puerta del vestuario y nos dijo que muchos de los que estábamos allí no merecíamos defender la camiseta con la que jugábamos, que esos colores representan a mucha gente y muchos sentimientos y no habíamos sido dignos de jugar con ellos. Nos cagamos”, insiste el jugador.

La bronca más grande tuvo que ver con una indiscreción. En octubre, el diario Sport desveló una anécdota del vestuario. En una charla, Guardiola puso como ejemplo a los chavales del programa musical Operación Triunfo. “Nos dijo que ellos tienen una oportunidad y se matan por aprovecharla, que teníamos que hacer lo mismo. Cuando lo vio escrito, se puso como una moto y dijo que explicar cosas del vestuario era traicionar al compañero”, explica otro jugador.

Guardiola se hizo cargo del filial el 21 de junio de 2007. Era un melón por abrir, pero la cata ha sido excelente. Guardiola ha resultado ser un entrenador trabajador, muy exigente y capaz de contagiar ilusión. “Llega cada día el primero y se va el último. Y no para”, aseguran los futbolistas; “le gusta tenerlo todo muy controlado, pero te deja hacer siempre que correspondas a la confianza. Y cada día toca informe. Le gusta tenerlo todo bajo control, y prefiere tener las cosas preparadas a improvisar”.

El filial azulgrana ha jugado 37 partidos, ha ganado 17 de 19 en casa, donde sigue invicto, y ha sumado hasta 11 encuentros sin recibir un gol. Tras empatar ayer en casa contra el Sant Andreu (1-1), es líder de su grupo en Tercera. Guardiola ha trabajado mucho los sistemas. Por eso al principio trabajaba mañana y tarde. Y ha tenido a los chavales enchufados todo el año. “Hasta aquí hemos llegado juntos. Ahora depende de vosotros subir de categoría”, les dijo la mañana siguiente a conseguir el derecho a luchar por el ascenso. Claro que la motivación le ha costado bastante dinero: “Nos dijo que cada vez que ganáramos tres partidos seguidos nos invitaba a comer. Ha pagado tres comidas. Se ha dejado una pasta”. En comidas y en multas: le han expulsado dos veces. “En el banquillo no para. Me recuerda a Luis Aragonés”, reconoce Jaume Langa, masajista del Barcelona. Durante un tiempo, para evitar que el cuarto árbitro entendiera sus quejas, blasfemó en italiano.

Guardiola ha resultado tan implacable con los jueces de línea como con sus jugadores. “A Marc Valiente, uno de los capitanes, le dejó en la grada después de que se fuera cinco minutos antes del gimnasio porque llegaba tarde al rodaje de un anuncio”, explica un jugador. “Si no hay pesas, no hay partido”, se justificó el míster. A Marc Crosas, que alternaba presencia en las listas de Rijkaard con el B, le cambió por Botía en el minuto 46 del tercer partido de Liga, en Manresa. “En el descanso le pegó una bronca de cojones, echándole en cara que no corría… A la primera pelota que perdió en la segunda parte, le quitó. Si a él le hacía eso, ¿qué nos haría a nosotros?”, recuerda uno de los jóvenes. “Siempre nos ha usado de ejemplo”, reconoce uno de los capitanes. “Pero es justo, con nosotros y con los demás”, añade.

“Ya que eres tan bueno, vete a jugar a Sabadell y mete un gol”, le dijo a Guardiola Johan Cruyff dos días después de su debut en Primera. El día que el canterano Gay Asulin volvió de su debut con la selección absoluta de Israel, Guardiola, recordando a Cruyff, le retó. “Este fin de semana, con el juvenil. Y mete un gol”. Gay dio dos y marcó el tercero. “Nos lo hace mucho. Nos pone retos. Si te esfuerzas, tienes premio”, asume un jugador; “si no, la llevas clara”.

“Esto no es Tercera, es el filial del Barça. Y aquí no juega cualquiera”, les dijo un día. “Su exigencia va mas allá del campo”, le elogian sus colaboradores. Guardiola tiene prohibido el uso de teléfonos móviles en la Ciudad Deportiva y en los autocares y penaliza con 120 euros si alguien llega con la sesión empezada. Y a las doce de la noche, en casa: “Si te pillan una vez, 1.500 euros; a la segunda, 3.000. A la tercera, te echa”. Los días de partido ensayan la estrategia. Si se juega fuera, comen en La Masía. Si el partido es en el Mini, cada uno en su casa.

Carles Busquets, entrenador de porteros en el filial, se fuma un cigarrito en el aparcamiento porque el míster le prohibió fumar en el vestuario. Una mañana, un ex compañero le preguntó a Busquets por Guardiola. “¿Pep? Te cagas. Sabe lo que se hace”, resumió

 

*La foto es de la web Periodista anónimos donde quizás te interese leer “Premiá, donde empezó todo

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